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Teatro
Narrador: entramos en el siglo XX y la ciudad de Las Palmas no paraba de crecer y transformarse en una ciudad moderna. Al calor de la actividad del Puerto de La Luz comenzaron a surgir nuevos barrios con gentes venidas del interior de la isla, del campo, y de otras islas, especialmente de Lanzarote y Fuerteventura. Estos obreros y peones del Puerto fueron construyendo sus humildes viviendas en La Isleta, Guanarteme y Ciudad Alta. Tras la Guerra Civil Española se produce la anexión del antiguo municipio de San Lorenzo y Las Palmas de Gran Canaria sumará más de 100 mil habitantes. Pero llega la posguerra y la crisis económica afecta a todo el país. Canarias y nuestra ciudad no escapan a ella, y los canarios tienen que apretarse el cinturón para sobrevivir…

Abuelo (mirando a su nieta y el cochecito comienza a recordar su niñez… ) : ¿sabes Laurita, cuando yo era niño la vida era muy distinta a la de ahora. Ah, y cuánto ha cambiado la ciudad! Yo con tu edad me pasaba el día jugando descalzo en los arenales y las fincas donde hoy está el Estadio Insular.
Laurita: ¿descalzo? ¿es que no tenías zapatos?
Abuelo: en casa no teníamos casi de nada, pero a los chiquillos nos sobraba la ilusión y las ganas de jugar…


Escena: estamos en la posguerra, el verano de 1940. Unos niños juegan en los arenales y terrenos que cubrían el entorno del actual Estadio Insular. Juegan, descalzos, a las batallas con tiraderas y pistolas de madera hechas a mano.

La escena se desarrolla con la voz en off situándonos en el periodo y contándonos los juegos de los chicos de la época (de fondo se oyen a los niños jugar)

Miguel: pium pium! te he dado!
Cristóbal: toma, piumm, yo también te he dado!
Miguel: pam, pam, pam te di ¡ eh, no valeee!
Cristóbal: jajajaja, no me has dado, pium pium,pium!

Voz en off:

Narrador: la emigración de canarios a América había sido constante en los siglos anteriores, pero es en los años de la posguerra cuando más dramática se vuelve, porque los canarios se convierten en clandestinos que deben esconderse de la policía para poder embarcarse en pequeños barcos y salir de la isla. Huyen del hambre y se enfrentan a un futuro incierto en el que lo que está en juego es su vida y la de los suyos.


Laurita: pero abuelo,¿ por qué eran tan pobres?
Abuelo: no es que fuésemos pobres, lo que pasó fue que hubo una Guerra en España, la Guerra Civil, y cuando terminó el país quedó en ruinas y hubo que apretarse mucho el cinto. La posguerra fue muy dura, se pasó mucha miseria…
Laurita: ¿y se pasaba hambre?
Abuelo: tanta que muchos canarios tuvieron que marcharse a otros países para buscarse la vida y poder comer. Sobre todo se fueron a América, a Cuba, Venezuela, Uruguay…


Escena: estamos en el año 1949. Unos jóvenes recién casados, Eugenio y Esther, esperan en el Puerto como clandestinos, al abrigo de la oscuridad de la madrugada, para embarcar en un pequeño barco de vapor que les lleve a Cuba. Llevan consigo a su pequeño bebé de tres meses y representan a los numerosos emigrantes que, huyendo de la miseria que se padecía en Canarias, especialmente en el mundo rural, iban a América a buscar mejor vida. Les despide doña Dolores, la madre de élla.

doña Dolores: y recuerda Esther, mi niña, en el viaje mantente siempre cerca de Eugenio, ya sabes lo que le pasó a aquélla chica que se embarcó sola y no la volvieron a ver .Y cuando llegues a Cuba dirígete a Santa Clara, allí es donde vive tu tío Cristóbal y su hijo Raúl.
Esther: sí mamá, no te preocupes, tengo la dirección aquí y no me voy a separar de Eugenio hasta que lleguemos.
Eugenio: no se preocupe señora Dolores, llegaremos bien a Cuba, me han dicho que el capitán del barco es muy buena persona y los demás que irán son todos gente humilde y honrada como nosotros.
doña Dolores: si ya lo sé mi hijo, pero es que no me hago a la idea de que se vayan, y encima con Carlitos tan pequeño aún! Anda, déjame que lo coja por última vez (y abraza al niño amorosamente).
Esther: mamá, te prometo que en cuanto lleguemos a casa del tío Cristóbal te escribo para decirte como estamos. Y en cuanto podamos, mandaremos algo de dinero para ti y papá.
doña Dolores: ay hija, yo solo quiero que ustedes consigan un buen trabajito y puedan vivir para comer y criar a Carlitos. Tú no te preocupes por nosotros que aquí tiraremos como podamos, la tierra aún da, aunque este invierno ha llovido tan poco!
Eugenio: me han dicho unos amigos de la ciudad que tienen parientes en Cuba que allí es mucho más fácil encontrar trabajo, los canarios son vistos como buenos trabajadores y en las fincas seguro que encontraré algo. A los españoles allí los llaman gallegos …
doña Dolores: sí, pero a mi hermano Cristóbal lo llaman “ el Canario”, y es uno de los carpinteros más respetados de Santa Clara. Habla con él que seguro que algo te encuentra…
Ya son casi las 6 de la mañana y una llamada en voz baja les avisa de que tienen que subir al barco…
Eugenio: señora, tenemos que embarcar ya, no se preocupe, cuidaré de su hija, usted verá que todo saldrá bien…
doña Dolores ( entre lloros): dame un abrazo Esther mi niña, cuídense, escríbeme, no te olvides que aquí tienes a tus padres que te quieren…
Esther (llorando): no llores mamá, dále un beso a papá y dile que estaré bien, cuídense!
doña Dolores (despidiéndolos entre lágrimas): ay, que duro es tener que marcharse de la tierra de uno para buscar una vida mejor! suerte mis hijos, suerteeeeee!

Narrador: los canarios que se quedaron en las islas debieron enfrentarse a la escasez de alimentos, combustible o medicinas entre otras cosas. La gasolina o los medicamentos se convirtieron en artículos de lujo, y el Puerto se convirtió en una tabla de salvamento para miles de canarios. A través de los barcos extranjeros unos cuantos canarios, los cambulloneros, hacían entrar en la ciudad muchos productos que faltaban en Gran Canaria. Comerciaban, vendían o intercambiaban y se llenaban los bolsillos en el mercado negro. Pero también salvaron vidas…

Abuelo: uf si se pasaba hambre, si yo te contara! Los que iban escapando mejor eran los que vendían y compraban en el Puerto a los barcos de afuera, se llamaban cambulloneros…
Laurita: ¿carbullo qué?
Abuelo: cambulloneros, otra de estas palabras que cogimos de los ingleses… pero mira y escucha, mira…




Escena: años 40. Son las 6 de la mañana y Pepe “el Gambusa” uno de los cambulloneros del Refugio llega al Muelle Grande para intercambiar mercancías con un marinero de un barco inglés atracado en La Isleta. El cambullonero aprovecha la oscuridad de la madrugada para no ser visto. Despunta la mañana…

Pepe: uh, no se ve nada con esta oscuridad, donde se habrá metido este choni! Ah, ya lo veo. Eh míster, pensaba que ya no venías!
Marinero, de nombre Paul (con acento inglés chapurrea el castellano): yes, amigo, llevar un rat…rato aquí. Traes qué?
Pepe: se dice “¿qué traes?”. Mira, traigo unas botellas de ron, un mantel calado hecho por mi suegra y una caja de frutas (señalando). ¿Y tú? ¿Trajiste lo que hablamos?
Marinero: yes, yo traer algo cosas hablarr ayer. Mira, dos onzas chocolate, galletas Murphy´s, whisky dos bottles y una sier… sier…
Pepe: sí, una sierra, y baja la voz, no hables tan alto! que si nos descubre el capitán a mí me llevan al cuartelillo y a ti te cuelgan del palo! ¿Y las medicinas? ¿las trajiste? es lo que más me importa…
Marinero: yes, traigo unas gas… gasas, pastillas para fiebres, bottles alcohol y esto ( señala una pequeña botella) ¿esto importa mucho tú?
Pepe: ¿ la penicilina? claro que es muy importante! desde que terminó la Guerra Civil por aquí no se ven medicinas ni por asomo! y la que más cuesta conseguir es la penicilina. Esta no es para venderla, se la prometí a alguien.
Marinero ( el inglés le escucha mientras se acerca a la caja de frutas): pinta buena estas oranges… ¿prometiste penicilina? ¿a quién? si vendes tú puedes sacar two pounds al menos por bottle…
Pepe: sí, ya sé que es muy valiosa, y aquí no usamos pauns sino pesetas! pero se la prometí a doña Ricardita, su nieto está muy enfermo y la necesita… espero que aún estemos a tiempo…


Escena: invierno de 1942. Día lluvioso en Las Palmas, las gentes se asoman al Puente de Piedra que une Vegueta y Triana para ver correr el agua por el Guiniguada. Tres vecinas, doña Claudia, Nieves y María hablan de sus cosas mientras el torrente desemboca en el mar.

Nieves: hola Claudia, ¿ha visto la de agua que lleva el barranco? Tres días lleva lloviendo y no para!
Claudia: sí mi niña, ¡el diluvio que nos está cayendo! le dije a mi madre esta mañana que tenemos tres goteras en la casa que me tienen de los nervios... ¡todo el rato… glub, glub, glub! A ver si mi cuñado se pasa y las mira para taparlas.
Se unen a la conversación María y Esperanza, dos jóvenes del Risco de San Nicolás que venían de hacer la compra en el mercado.
María: buenos días Claudia, buenos días Nieves.
Esperanza: ¡Buenos días, niñas!
María: ¿Hablaban de las lluvias de estos días? Mi padre, que es capataz en las fincas del Pambaso, me ha dicho que las plataneras han quedado fatal, y lo peor se lo han llevado los corrales de más arriba.
Esperanza: Pues mi padre, que es comerciante en el puerto, me ha contado que por el temporal no le ha llegado la mercancía tan importante que esperaba.
Claudia: , a don Miguelito, mi vecino de enfrente, ya se le han ahogado tres cabras y varios baifos. Esta mañana mismo había uno flotando por allí (señalando).
Todas: ¡Qué asco!
Nieves: oh, si ayer, cuando más fuerte llovía, me dijo doña Mercedes, que tiene la casa ahí enfrente en Vegueta, que le entró toda el agua por debajo de la puerta y se le inundó el zaguán!
Esperanza: ¡Qué faena! Afortunadamente en mi casa no ha ocurrido ninguna desgracia…
María: hasta el pescadero me dijo que como siga esto así un día más en lugar de salir a pescar su hermano y su primo entrarán los pescados por la pescadería para adentro!
Claudia: jesús mi niña! que exageradita eres! dile tú a Rogelio, el pescadero, que no cobre tan caro la vieja y la boga y que se deje de boberías!
Esperanza: ¡Miren, miren!… lo que sí es verdad es lo mal que se ha quedado el Terrero de lucha, ¡miren! ¡parece una charca!(señalando) y como siga lloviendo así hasta el Teatro se va a inundar!
Nieves: ¡no digas esas cosas, Esperanza!
María: ¡ay!, a mí lo que no me gusta es el mal olor que queda luego del reboso de las alcantarillas, porque lo que es ver llover me encanta.
Esperanza: Sí, es hermoso!... (pone la mano como cogiendo las gotas de lluvia)
Nieves: estoy de acuerdo contigo, mi niña. ¿Saben lo que les digo? que con goteras o sin goteras ojalá todos los años sigamos viendo correr el Guiniguada!
Todas: ¡Ojalá!


Abuelo: o como cuando esperábamos para coger el tren de la ciudad, la Pepa!
Laurita: ¿un tren que se llamaba la Pepa? ¿ aquí?
Abuelo: sí hija, aquí. ¿Tú no has visto los raíles que hay en la calle Triana, ahí debajo?
Laurita: ah sí, los hierros esos!
Abuelo: pues por ahí pasaba el tren que venía desde el Puerto.


Escena: estamos a comienzos de 1943 en la Calle Mayor de Triana. Dos mujeres vecinas de la zona, doña Isabelita y Josefa, hablan de sus cosas mientras escuchan pasar el tranvía conocido como la Pepa. Este se inauguró como tren a vapor en 1890. Luego se hizo eléctrico para ahorrar y evitar ensuciar tanto las fachadas de las casas. Tras la Guerra Civil, a raíz de la escasez de combustible, se vuelve a poner en marcha como locomotora a vapor hasta 1948.

doña Isabelita: mira mi niña, al final compré la tela para el vestido de mi nieta a don Cristobalito, porque a media peseta el metro era una ganga!
Josefa: sí mi hija, que ahora hay que apretarse el cinto más que nunca, que con el racionamiento ya tenemos bastante.
En ese momento se oye el pitido del tren pasando por la calle.
doña Isabelita ( con voz de susto y sorpresa): jesús mi niña! qué susto con el dichoso tren! creía que se me venía encima!
Josefa: tranquila mujer, que la Pepa tiene sus raíles por donde andar! Y menos mal, porque si no es por el tren no sé como haríamos para llegar al Puerto! ¡ Que mi marido va a vender todos los días mercancía a los barcos que llegan a La Isleta y vuelve el tren estibado de gente!
doña Isabelita: oh mi niña, desde la guerra aquí no hay gasolina para las guaguas, así que como no vayamos en carros tirados por burros como hacían antes…
Josefa: ah, y si quieres coger un coche de esos … como los llaman?…
doña Isabelita: ¿ los piratas?
Josefa: eeeeso! los coches piratas! pues no tenemos dinero como para eso…
doña Isabelita: ah no mi hija, y los de hora como el que va por Tamaraceite hasta Teror no los cojo yo sola porque me da miedo!
En ese momento Isabelita comienza a recordar su niñez, emocionada…
Todavía recuerdo cuando inauguraron el tren, yo tenía 8 años y lo llamaron la Pepa porque fue un día de San José. Recorría la carretera del Puerto desde la Isleta hasta la entrada de la ciudad en Triana. Éramos todos los chiquillos arremolinados viendo pasar el tren. Ah, qué tiempos tan bonitos!
Josefa: no se emocione doña Isabelita, que usted verá que salimos de ésta, se pasarán las apreturas y las cartillas de racionamiento. ¡Que dios aprieta pero no ahoga!


Laurita: jo abuelo, pues si que han ocurrido cosas en Las Palmas! Yo no sabía que era una ciudad tan vieja!
Abuelo: (al público) ya ves que Las Palmas es una ciudad mucho más vieja que yo, que ha pasado por momentos buenos y malos a través de generaciones de canarios y gentes venidas de afuera. Mucho tiempo ha pasado desde que se construyó aquél viejo Real de Las Palmas, pero si en algo no ha cambiado la ciudad es que sigue abierta al mar, acogiendo a los que vienen de otros países y continentes. Mira Emilio, ese coche que te di para que jugaras lo hice yo cuando tenía tu edad. Está hecho con algunas maderas, viejas latas y unos muelles. Quiero que te lo quedes, es tuyo. Pero cuídalo y guárdalo para que algún día se lo puedas dar a tus nietos mientras les cuentas la historia de nuestra ciudad”.



FIN OBRA 3º TRIMESTRE CURSO 2009/2010
Teatro

Los
Habladores (entremés)


Autor: Miguel de Cervantes Saavedra
Adaptación: Nayra Infante Guedes
Duración: apróx. 20 min


Acerca de Los Habladores (entremés):

“Los Habladores” es una sencilla comedia que, sin pretensión alguna, desea hacerles pasar un buen rato. Como dice su título, trata sobre un hombre que está harto de su mujer, ya que ella es una parlanchina y no deja nunca de hablar. Un día llegan a su puerta unos mellizos huyendo de la justicia que resultan ser igual o más habladores que su propia esposa. El hombre entonces tiene una brillante idea: cree poder curar a su esposa de tal verborrea llevándose a los tránsfugos a vivir a su casa. ¿Acabará bien esta historia?

PERSONAJES:

BEATRIZ: Eliana

SARMIENTO: Ainhoa

MELLIZOS HUIDOS: Enrique y Alba

INÉS: Daila

MOSQUETERAS: Mariangel y Lilibeth

TABERNERA: Alia


LOS HABLADORES

BEATRIZ: (Echándose fresco con su abanico de mano) ¿Me escuchas o no?
SARMIENTO: (Sentado leyendo el diario) ¡Te escucho mujer, te escucho!

BEATRIZ: (Hablando, al igual que en casi toda la obra, con gran rapidez). Pues has de saber, marido mío, que una, cuando habla, es por algo; que no soy yo de esas que se sueltan a hablar sin ton ni son, que sólo los necios hablan por hablar y los necios son tontos, y los tontos no razonan, y el que no razona debería tener quieta la lengua, pues Dios nos dio el entendimiento para hablar y hablando se entiende la gente, y si yo no hablara, sería muda, y al que se muda, Dios le ayuda, y....

SARMIENTO: ¡Basta, no aguanto más! Me voy a la calle. ¡Uf, que mujer más habladora! (Se va por la puerta del lateral).

BEATRIZ: ¡ay que ver! ¡Ay que ver! ¿Y para esto se casa una? (Llamando hacia el lateral derecho) ¡Inés! ¿Dónde estás, Inés? ¡Inés! ¡Inés!

INES: (Por el foro) ¡Ya voy, ya voy, ya voy! Usted me tiene cansada; es cansada que usted me tiene: “Inés, friega los platos”; “Inés, báñame el perro”; “Inés, ve a la farmacia”. Y todo el día bla, bla, bla. ¡Dios mío, usted, por el gusto de hablar, es capaz de llamarme trescientas veces!BEATRIZ: ¿Trescientas? Trescientas es cien veces tres. Si a trescientas le añades dos ceros tienes treinta mil. Los ceros a la derecha de los números aumentan su valor. Lo que más vale es la vida, porque puede ser eterna. La eternidad....

INES: (Tapándose los oídos) ¡Oh, Dios! ¡Todo el día así! ¡Esto no hay quien lo aguante.

BEATRIZ: Has dicho aguantar y has dicho bien; porque el que aguanta calla, y el que calla otorga, y más vale otorgar....
(Inés se va desesperada por la puerta del lateral derecho y tras ella Beatriz sin dejar de darle a la lengua. La escena queda sola unos segundos. Entran los mellizos por la puerta del lateral izquierdo. Él tropieza con la silla y la agarra. Sobresaltados recorren toda la escena extremadamente nerviosos).

MELLIZO 1: ¿Habremos logrado despistar a esa loca? (Se asoma con precaución a la puerta de la calle).

MELLIZO 2: Sí, ahí va con su garrote en la mano.

MELLIZO 1: Esperaremos un ratito a que calme la tempestad (Pausa. Examina el lugar y luego la silla que tiene en las manos) ¡Oh, pero esto es una casa!

MELLIZO 2: Y parece que no hay nadie. ¡Qué raro! (Coloca la silla en el centro y se sienta).

SARMIENTO: (Entra leyendo el periódico por la izquierda. No percibe la presencia de los mellizos. Se va a sentar en la silla donde está sentado , pero ve un titular interesante y hasta lo lee en voz alta: “Descubren el chocolate de agua”, “La hermanita Iris empieza a crecer”. Lo hace por dos ocasiones hasta que en la tercera vez se sienta en las piernas de y cuando lo hace se arma un espanto entre ambos y sobresaltados recorren toda la sala) ¡Eh!... ¿Qué hace usted en mi casa? ¿Quién es usted?... (Sale de detrás de la silla ) ¿eh?... ¿y usted, señorita?

MELLIZO 1:(Poniéndose ambas manos en el pecho) Permítame que me presente, , para servirle.

MELLIZO 2: (Haciendo una reverencia) Y yo soy .......... ¡También para servirle, claro!
SARMIENTO: Bien; ¿y qué es lo que quieren?
MELLIZO 1: Pues verá usted, he visto la puerta abierta, y....

MELLIZO 2: … nos seguían de cerca y…SARMIENTO: ¡Entraron a robar!

MELLIZO 1: No…

MELLIZO 2: ¡No, de verdad!

SARMIENTO: Han venido a robar.

MELLIZO 1: Que no le digo. Mire, voy a ser franco con usted. Tiene cara de buena persona, y estoy seguro de que sabrá comprenderme.

MELLIZO 2: ¡Sí, no cabe duda, usted tiene cara de buena persona!
MELLIZO 1: Nos hemos refugiado aquí para huir de la rabia de una tabernera…

MELLIZO 2: ….que nos perseguía armada con un garrote.... ¡la muy loca!

SARMIENTO: Pero ¿por qué?
MELLIZO 1: Porque no le hemos pagado la cena.

MELLIZO 2: (Con cara de tristeza y caprichosa) No, no hemos pagado…
SARMIENTO: Pues páguensela, y punto.

MELLIZO 1: Eso ¡nunca! Si pago, no debo y para mí el deber es lo primero. Bueno, la verdad es que no podemos pagársela porque no tenemos un real.

MELLIZO 2: Bueno, ahora ya sabe usted por qué estamos aquí. Pero si estorbamos, nos vamos

MELLIZO 1: Sí, por supuesto, si estorbamos de aquí marchamos.

MELLIZO 2: ¡Por supuesto!... pues nuestro lema es: pasear, descansar y no estorbar.

MELLIZO 1: ¡pasear, descansar y no estorbar! (Sarmiento empieza a mirarlos con curiosidad) Pues el que estorba molesta…

MELLIZO 2: y al que molesta se le da un puntapié…

MELLIZO 1: …y el que lo recibe no vuelve a por otro. Y con esto, señor mío, ponemos punto final y nos vamos. Que somos gente de pocas palabras… (Se van retirando poco a poco)

MELLIZO 2: … porque el que mucho habla mucho yerra, y como dijo….(algo pensativa) no sé quién, el silencio es oro, y muchos se arrepienten de hablar…

MELLIZO 1: …pero no de callar nunca. Y esto, señor mío, es una verdad como un puño. Y como dijo Cicerón.... Bueno,… (pensativo) no sé si fue Cicerón o Américo Vespucio, pero para el caso da igual; lo cierto es que.... (Se dispone a marcharse).

SARMIENTO: (Parándolos) ¡Un momento, un momento! (Aparte) Se me ocurre una idea. (Alto) Disculpen: ¿Querrían hacerme un favor?

MELLIZO 1: ¿Un favor?

MELLIZO 2: ¿Un favor?

MELLIZO 1 y 2: (Se miran y, a la vez, se giran y miran a Sarmiento) Cuente usted con nosotros

MELLIZO1: Siempre que no sea para pedirnos dinero, claro, porque si es para eso, da en el hueso…

MELLIZO 2: Y los huesos de la cabeza son seis: un frontal, un occipital…

MELLIZO 1:… dos parietales, dos temporales y un esfenoid…. (Sarmiento le tapa la boca con la mano y este empieza a dar pataleos). ¡Uaho! ¡Uaho!

MELLIZO 2: Deje a mi hermano… ¡deje a mi hermano!

SARMIENTO: ¡Cállense de una vez y escuchen, por favor! ¡¡¡Cómo parlotean, por dios!!! Ya se desquitarán luego cuanto quieran. (Le saca la mano de la boca. Aparte). Verán,… tengo una mujer que es la más buena del mundo, pero también la más habladora que existió, existe y existirá por los siglos de los siglos.

MELLIZO 1: ¡Oléee!

SARMIENTO: Y quiero que ustedes la curen.

MELLIZOS 1 y 2: ¿nosotros? ¿Y cómo la hemos de curar?

SARMIENTO: Hablando.

MELLIZO 2: ¿Hablando?

MELLIZO 1: ¡Hombre, eso es lo nuestro!

SARMIENTO: Les pagaré lo que sea. Les aseguro que no quedarán descontentos de mi.
MELLIZO 1: Como nos dé de comer, nos basta.

SARMIENTO: (Mirando al lateral derecho) ¡Cuidado, ahí viene! Disimulen

BEATRIZ: (Entrando por el lateral derecho. Se suelta el cabello mirándose al espejo. Dirigiéndose a su esposo) ¿Ya has vuelto, esposo mío? SARMIENTO: Sí, tesoro.

BEATRIZ: (Ahora reparando en los mellizos) ¿Quiénes son los que están contigo?

SARMIENTO: (Nervioso) Son unos primos lejanos míos, que vienen a pasar una temporada con nosotros.

BEATRIZ: ¡Ah, cuánto me alegro! (Aparte). Así tendré más gente con quien hablar. Considérense ustedes en su casa, señores míos. Los primos de mi marido primos míos son. Y los primos son los hijos de los tíos. Hay dos clases de tíos: los políticos y los carnales. La carne....

MELLIZO 1: (Interrumpiéndola) Dijo usted carne y dijo bien. Hay carne de vaca, de pollo, de cerdo (con perdón) y de ternera.

MELLIZO 2: La ternera es la hija de la vaca. La vaca tiene cuernos y hace: “¡Muuuuuh!”, el perro hace “¡guau, guau!”…

MELLIZO 1: y el gato hace “¡miau!”, el grillo “¡cri-cri!” y el gallo canta así: “¡ki-ki-ri-kiiiiii!”....

BEATRIZ: (Interrumpiéndole a su vez) Dijo usted gallo y dijo bien. El gallo es el macho de la gallina. La gallina es exquisita cuando se come guisada. A la gallina guisada se le llama pepitoria. La pepitoria se llama así porque la inventó un tal Pepito. Pepito es el nombre que se da a José....

MELLIZO 2: Dijo usted José y dijo bien. José era uno de los doce hijos de Jacob. También vivió en Egipto donde Dios mandó diez plagas. Si usted suma doce más diez le da…

MELLIZO 1: … ¡veintidós! El veintidós de junio termina la primavera y con el otoño se acaba el frío. Frío puede ser también del verbo freír. Se fríen las papas, se fríen los huevos…
MELLIZO 2: ¡Uhm! (tocándose la barriga)…, se fríen las torrijas, se fríe el jamón....
BEATRIZ: Dijo usted jamón y dijo bien....

MELLIZO 1: (relamiéndose)… Se fríe la carne, se fríen los buñuelos, se fríen los churros.... (es interrumpido por Beatriz)

BEATRIZ: (Poniéndose una mano en la frente como le fuera a dar un mareo) ¡Ay, marido, que a mi me da algo!

MELLIZO 2:Pero no hay que confundir los churros con el churrasco. El churrasco es un plato delicioso…

MELLIZO 1: ¡Sí! Pero no es lo mismo plato que platillo. Los platos sirven para comer, y los platillos para tocar....

BEATRIZ: (Sofocada) ¡Ay, Sarmiento que me desmayo! (Se deja caer en la silla pataleando cómicamente. Sarmiento la sujeta por los brazos. Luego se queda rígida; cerrando los ojos).

MELLIZOS 1 y 2: Pero ¿qué le pasa?

SARMIENTO: (Dejando de agarrar a Beatriz, quien se queda desmayada en la silla) ¿Qué le ha de pasar? ¡Que si no habla revienta! (Sarmiento se frota las manos. Luego ambos chocan las manos en señal de alegría)BEATRIZ: (Abriendo los ojos) ¿Dónde estoy? (Reparando en los mellizos) ¿Pero aún están en mi casa?.... ¡Sarmi, échalos de aquí o me muero!

SARMIENTO: Calma, mujer, que sólo estarán tres años con nosotros.

BEATRIZ: ¡Tres años!.... ¡Ay, de ésta sí que estiro la pata! (Y, en efecto, se pone a estirar una pierna y los brazos con las mismas convulsiones cómicas de la vez anterior. Su marido la sujeta cómicamente).

INÉS: (Apareciendo por el lateral derecho). Pero ¿Qué pasa aquí? ¿Qué gritos son esos? ¡Señora! ¿Qué le sucede? (Llega hasta donde su ama y la ayuda a levantarse de la silla).

BEATRIZ: ¡Ay! ¿Qué me ha de suceder, Inés? ¡Que este monstruo quiere quedarse viudo!

INÉS: Vamos,señora,vamos....

BEATRIZ: (Llorando) ¡Qué va a ser de mi! ¡Tener que aguantar tres años en mi casa a estos dos loros desplumados! (Se va apoyada en el brazo de Inés por el lateral derecho). (Ya saliendo) ¡Ay Inés! ¡Inés!

SARMIENTO: (Vuelve a frotarse las manos de alegría). ¡Esto va bien! Dos sesiones más.... ¡y curada por completo! (Chocan las manos. Luego de mímicas de alegrías)

ALGUACIL: (Desde el lateral izquierdo, sonido golpeando la puerta varias veces). ¡Abran a la justicia! ¡Abran a la justicia! ¡Abran a la justicia!

MELLIZOS 1 y 2: ¡La Justicia! ¡Gran Dios!

MELLIZO 1: ¡Esa es la tabernera que viene a cobrar su deuda!

MELLIZO 2: ¿Dónde nos escondemos? (Ambos dan vueltas por la habitación, sin saber qué hacer y al fin Sarmiento los esconde debajo de la mesa, tapados por un mantel) Aquí no darán conmigo.

ALGUACIL: (golpeando de nuevo) ¡Abran a la justicia! (Sarmiento hace ademanes de que está todo bien. Se dirige a la puerta del lateral izquierdo y la abre. Entra el Alguacil seguido de la Tabernera que trae un garrote enorme en la mano).

SARMIENTO: Pero, ¿qué quieren ustedes? ¿Qué voces son esas?

ALGUACIL: Este tabernera, dice que aquí están escondidos unos tramposos que le deben dinero.

TABERNERA: Sí, señor; se fueron sin pagarme la cena. Como los atrape se van a enterar…

SARMIENTO: Le aseguro que aquí no entró nadie. Yo no he salido de casa y puedo atestiguarlo.

TABERNERA: Tienen que estar aquí. Estoy segura. Yo los vi entrar, yo los vi… Estoy segurísima. (Hablando a escena y esgrimiendo el garrote) ¡Salgan ladronzuelos! … ¿Se creen que se van a escapar así de fácil? ¡¡No saben con quién están tratando!! ¡¡¡Saaalgan!!!

ALGUACIL: (Mirando al tabernera con temor) Si el señor dice que no está...

SARMIENTO: Lo más probable es que haya entrado a la casa de mi vecino. Lo mejor será que vayamos a ver. Síganme. (Y se van todos detrás de Sarmiento)

ALGUACIL: Por probar nada se pierde

TABERNERA: Como los encuentre ellos si que van a perder algo (Salen los tres por el lateral izquierdo. La escena queda sola).

BEATRIZ: (Entrando con Inés llevan unas alfombras o mantas) ¡Tres años esas dos cotorras en mi casa! ¡Ay Inés, que desgracia!

INES: Vamos, señora, no se ponga así. ¿Lo ve? Ya se han ido. Ahora podrá usted hablar cuanto quiera.

BEATRIZ: ¡Gracias a Dios que ahora podré descansar del silencio que he tenido!

MELLIZO 1: (Asomando la cabeza por debajo de la mesa) ¿Dijo usted silencio?

MELLIZO 2: (Asomando ahora ella también la cabeza) Pues dijo bien. Porque el silencio es oro…

MELLIZO 1:… y muchos se arrepienten de hablar, pero nunca de callar; porque....


BEATRIZ: (Mirando a todos lados) ¡Que les parta un rayo! ¡Van a acabar conmigo! (Poniéndose la una mano en la frente como si se fuera a desmayar) ¡Ay, yo vuelvo a desmayarme!

INES: Conténgase, señora, vamos, apóyese en mi. (salen de escena ambas por el lateral derecho y dejan las esteras en un lado).

Cuando salen ambas de escena, los mellizos escuchan las voces de Sarmiento y los otros que regresan, rápidamente se esconden en las alfombras.

SARMIENTO: (Entrando seguido de la tabernera y del alguacil por el lateral izquierdo). Bueno, no estaba. Renuncien ustedes a buscarlos y bebamos unas copas. (Llama mirando al lateral derecho) ¡Beatriz! ¡Inés! (Entran ambas por el lateral derecho armadas con sendas escobas) ¡Cómo! ¿Qué locura es esta? ¿Qué van a hacer con esas escobas?

BEATRIZ: Nada, marido. Sacudir estas alfombras que están llenas de polvo. (Mirando a la cara de Inés con picardía.) Inés ¡dale duro anda!INES: Descuide, señora. (Beatriz e Inés se ponen a dar escobazos a los mellizos que están debajo de las esteras. Estos salen brincando y gritando. Recorren toda la escena. Ellas salen detrás de ellos, dándole escobazos. Recorren toda la escena).
MELLIZO : ¡Ay! ¡Ay… que me matán!

MELLIZO 2: ¡Ay! ¡Ay… qué dolor! ¡ qué dolor!

BEATRIZ: ¡Tomen, sinvergüenzas!

INÉS: ¡Tomen habladores!
TABERNERA: ¡Mira… pero si están ahí! ¡Ajajá! ¡Ahora verán! (se pone a perseguirlos con el garrote) ¡!!Estafadores… estafadores… como los coja…!!!

ALGUACIL: ¡Quietos! ¡Quietos! ¡Quietoooos he dicho! (Saca la espada) ¡Todos ya quietos como estatuas, yaaaa! (se hace el silencio y se quedan todos como congelados) Estos rufianes serán juzgados según la ley. (Agarra a cada uno y les empieza a atar una cuerda) Quedan detenidos, irán ustedes presos…

MELLIZO 1: ¿preso dijo usted?

MELLIZO 2: pues dijo bien. Pues el preso no es libre…

MELLIZO 1: y la libertad…

ALGUACIL: ¡Basta! Aquí no le van a valer sus habladurías… ¡vamos!

SARMIENTO: Un momento, señor alguacil. (Llevándolo aparte) Suplico a usted que, por hallarse en mi casa, esta vez no se los lleve. Yo pagaré a la tabernera y le prometo que, en cuanto curen a mi mujer, se irán del lugar.

ALGUACIL: ¿Y de qué la ha de curar?

SARMIENTO: De hablar. Verá, mi mujer es muy buena, pero la más charlatana del mundo que ha habido desde Eva a nuestros días.

ALGUACIL: ¿Y de qué modo la curarán?

SARMIENTO: Hablando. Como ellos hablan hasta por los codos, mi mujer no tiene más remedio que callarse.

ALGUACIL: Ajá, pues no es mala idea… Accederé pero con dos condiciones.

SARMIENTO: ¿Cuáles?

ALGUACIL: Que primero pague usted a la tabernera el dinero que se le debe (Sarmiento hace el gesto y le da una bolsita con dinero a la tabernera y esta se marcha con el garrote amenazando) y segunda, lo más importante…

SARMIENTO: Dígame

ALGUACIL: Que en cuanto sane a su mujer, se vengan a mi casa a sanar a la mía,… ¡pues la pobre padece el mismo mal!

SARMIENTO: Prometido. Y, en este caso, ya no hay más que hablar. Inés, ve a por vino y tengamos la fiesta en paz.

MELLIZO 2: Los pobres habladores, su farsa aquí han terminado…


MELLIZO 1: Señores, si les ha gustado… ¡un aplauso, por favor!

FIN